sábado, 17 de noviembre de 2007

Decrecimiento saludable (III)












Pocos automatismos gozan de tanta salud como el de la beatitud del crecimiento y su identificación con el progreso y el bienestar. Pero el crecimiento ilimitado es incompatible con un planeta limitado. Si África alcanzara el nivel de desarrollo de Canarias necesitaríamos 4 planetas para abastecerlo. No basta pues la ayuda al desarrollo, hay que reducir el incalificable diferencial decreciendo. Este horizonte (el único que nos aleja de la catástrofe como mecanismo de regulación) requiere nuevos modelos de subjetivación vinculados a actividades económicas ‘improductivas’ en un mundo marcado por la ideología publicitaria.

La fantasía del desarrollo sostenible no pretende sostener más que el desarrollo, creando sofisticados mecanismos tecnológicos (investigar los genes que regulan la acumulación de grasa o los frenos ABS y los airbag) para evitar plantear sencillas soluciones culturales (cambiar los hábitos alimenticios, fabricar coches menos potentes y usar la bici).

Las soluciones tecnológicas producen efectos de rebote perfectamente calculados -las bombillas de bajo consumo no se apagan, los coches preparados para combustibles más económicos se usan más- que, a su vez, producen ‘daños colaterales’ –el coche exige carreteras, favorece los centros comerciales, zonifica la ciudad, arrasa el comercio de proximidad, aumenta la distancia de los desplazamientos, degrada los espacios de sociabilidad espontánea, produce sedentarismo, mata…-. Las actividades económicas que no provocan efecto rebote son aquellas que consumen tiempo (que detraen del consumo), exigen esfuerzo (trabajo sobre uno mismo) y cuestan caras (por su calidad, que aumenta su durabilidad). Suelen estar vinculadas a bienes relacionales (propios de la economía civil), que no se pueden disfrutar aisladamente sino en el marco de una relación interpersonal (cuidados, asistencia, formación, restauración, deporte…). Esta economía promueve conceptos austeros de calidad de vida que, no obstante, debemos desvincular de la lastimera castidad modernista. La buena vida es mucho menos sensual que la vida buena, cicatera en materia de relación interpersonal y pródiga en el mantenimiento de distancias: es mucho más intenso asistir a la gestación de un proyecto local participativo de ‘arte de base’ que al espectáculo de una bienal metropolitana con ‘arte de alta competición’.

Además de innovar en las prácticas de subjetivación (se necesita un I+D+I en estilos de vida) es imprescindible recortar también las distancias entre productores y consumidores. Se consume 100 veces más energía que la que proporciona un tetrabrik de leche enviándolo a la otra punta del mundo donde existen vacas. ¿Por qué parece ‘eficaz’ el absurdo?, porque está muy subvencionado: mediante infraestructuras y servicios (puertos, aeropuertos, satélites…); mediante una educación orientada a generar recursos humanos y tecnológicos para optimizar el disparate (y no para encontrarle alternativas); mediante las ayudas al monocultivo (a la producción industrial orientada al comercio frente a la agricultura biológica de escala), etc.
Antes se comerciaba con los excedentes (una vez cubiertas las necesidades locales), hoy se produce para justificar un comercio que es un fin en sí mismo. Se fomenta la especialización que requiere unos niveles de capitalización y organización que sólo poseen las grandes empresas, que vinculan las rentas del trabajo local con el comercio global, lo que transfiere un gran poder a las corporaciones y los organismos ajenos al control democrático, que, a su vez, financian (hipotecan) el ‘desarrollo’ (i.e. subvencionar con el dinero del contribuyente local las infraestructuras que hacen rentable a sus competidores) y el ‘ajuste estructural’ (i.e. favorecer fiscal y territorialmente el asentamiento de las grandes empresas, recortar las exigencias laborales, medioambientales, sociales…).

El control de la concentración y el fomento de la economía de proximidad disminuye la publicidad (la ideología del consumo), crea producciones adaptadas al entorno (y no a la inversa) menos agresivas, disminuye los transportes (y sus agentes contaminantes químicos y sociales), disminuye el poder de las corporaciones y las instituciones suprademocráticas, favorece la interlocución con el proveedor, disminuye las expectativas sociales (que generan ansiedad y frustración) y fomenta el respeto por lo cercano y la sensación de control sobre la propia vida: saber que dando a nuestro hijo una buena manzana estamos arraigando el suelo y la fuerza de trabajo, conservando el paisaje social y resistiendo al poder económico nos devuelve el protagonismo en una historia que nos otorgaba el papel de figurantes.




Resumen intervención de Ramón Salas.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

HOLA ADRIÁN , ESTOY COMPLETAMENTE DE ACUERDO CON EL CONTENIDO DE TU TEXTO Y ME PARECE MUY INTERESANTE QUE LA GENTE LO SEPA Y ASÍ NO PUEDAN ALEGAR EL ATENUANTE DE LA IGNORANCIA CADA VEZ QUE SIGAN PERPETUANDO EL CÍRCULO VICIOSO DEL CONSUMISMO GLOBALMENTE DESTRUCTIVO. YO PRACTICO VARIAS ESTRATÉGIAS EN MI LUCHA PERSONAL CONTRA ALGUNAS DE LAS CORRIENTES O INERCIAS QUE ARRASTRAN A LA MAYORIA..... POR EJEMPLO TEMA TRANSPORTE: EN ALEMANIA EN LOS 70, TRAS LA PRIMERA CRÍSIS DEL PETRÓLEO SE CREARON LAS "MITFAHRZENTRALE" O AGENCIAS DE AUTO-STOP QUE COORDINABAN EL TRANSPORTE COLECTIVO CON COCHES PARTICULARES. ASÍ QUE VENGO DESDE EL PUERTO CON UNA PERSONA QUE TRABAJA CERCA Y EMPIEZA A LAS 9 Y REGRESO CON OTRA QUE SALE A LAS 14.20, COMPARTIMOS ATASCOS Y GASTOS AH Y TENGO COCHE PROPIO! EN FIN NO TE QUIERO CANSAR PERO ME GUSTÓ MUCHO TU ARTÍCULO, GRACIAS!

adrián alemán dijo...

Gracias, pero no son míos. Estas últimas cuatro entradas son resúmenes de intervenciones de Ramón Salas en el espacio “la jaula”, pensadas para generar un contexto de debate paralelo a un proyecto de arte emergente que se desarrollará a lo largo de este curso. Me he limitado a publicarlos, de ahí la confusión. Gracias por describirnos esa experiencia

TOCANUTS dijo...

9

Llena tu cuenco hasta el borde
y acabará rebosando.
Afila de continuo el cuchillo
y lo hallarás romo.
Persigue el dinero y la seguridad,
y tu corazón jamás podrá liberarse.
Persigue la aprobación de la gente
y serás su prisionero.

Haz tu tarea, después retírate.
He aquí la única senda hacia la serenidad.